Amanece. No estás. Suena el despertador intrincado en sueños. Me despierto, me zafo, tropiezo, avanzo, desayuno. El tiempo se convierte en cortos plazos, y encuentro a cada lado calendarios sumisos.
Te conjugo, te concuerdo, te recito y te canto. Me dispongo a olvidar por qué lo hiciste, flagrante violación de mis principios. Apenas entristezco, leo libros capaces aún de sostener un hastío. Desde que te fuiste, cuando me hablan del amor, trato la indulgencia con futuros. Contrapongo todo el tiempo armarios medio llenos, vasos medio vacíos.
El día es un trapecio, un circo sin payasos. No soy responsable, pero existen reglas en lo que hago. Por consiguiente, tengo miedo. Últimamente me estremezco demasiado. Como no sé rezar, pido, lloro. Como no sé llorar, me desvelo. Como no sé saltar, corro. Como no sé volar, me agarro a ti…
El día es un trapecio, un circo sin payasos. No soy responsable, pero existen reglas en lo que hago. Por consiguiente, tengo miedo. Últimamente me estremezco demasiado. Como no sé rezar, pido, lloro. Como no sé llorar, me desvelo. Como no sé saltar, corro. Como no sé volar, me agarro a ti…
Afuera hace frío. Ando entumecido, meditabundo, con la mirada cortada, y encuentro licenciados sirviendo cafés a ejecutivos, exangües poetas vendiendo enciclopedias en ciudades de antracita. Hay un cuento, un punto de ternura en esta historia cuando pienso que aún duermes estremecida. Desaparezco si recuerdo que al principio éramos dos, maldigo las razones, desaconsejo los consejos, impugno mis acciones. Advierto el daño en los espejos, el dolor lo escondo en los cajones.
Establezco un amor inembargable (bien lo sabes), inalienable este querer, imprescriptible esta mentira. Declaro al día, día, a la noche ser. E invoco al dios de las pequeñas cosas, al ocaso que gira, al cemento que rueda.
No muy lejos de aquí, filofóbicos saltan a un charco o al vacío.
Establezco un amor inembargable (bien lo sabes), inalienable este querer, imprescriptible esta mentira. Declaro al día, día, a la noche ser. E invoco al dios de las pequeñas cosas, al ocaso que gira, al cemento que rueda.
No muy lejos de aquí, filofóbicos saltan a un charco o al vacío.
Asensio!cómo te va?muy bueno el blog, lo digo de verdad, entre por curiosidad, y me han gustao mucho tus escritos, de pm tio!espero que te vaya genial,a ver si hablamos. un abrazo!cuidate!
ResponderEliminarUfff, dura la pena!!!
ResponderEliminarUn abrazo.