Yo pierdo la vida, el tiempo,
tú la eternidad y la sed.
Yo abro socavones en mi cuerpo
y lamo mis heridas.
Tú me sazonas y me dejas
secar al sol después de la partida.
Yo ave rapaz sin alas.
Tú pájaro en mano.
Órdago al amor,
a sus lacayos.
A la pausa de un silencio
que entre dos,
será encomiástico y eterno.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
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La vida nace con la palabra,
ResponderEliminarpero muere en la conversación.
El dia va creciendo hermosamente,
la noche acechante
devora el tiempo con su pergamino de sombras
Raramente la noche denunciará al dia
porque ella guarda
sorpresas blancas en cada esquina.
Durante aquel tiempo
ResponderEliminarera habitual sentirse querido
ver y mirarlas estrellas
desde el fondo del lavabo.
Todo pasaba despacio
y el espacio era toda la mente,
el balcon de la inocencia
prometia un futuro mejor.
Nada hace sospechar
que ni la mente ni el espiritu
pondrán blanca la tez.
El orgullo no es soberbia
ni la soberbia prepotencia.
El tiempo pone todo en su lugar.