Parece un lugar tranquilo, pero es un lugar fantasma. Las bombas caen en intervalos de tiempo, repetidos y constantes intervalos de tiempo. Las calles están vacías, las persianas de los edificios echadas, las ventanas cerradas, y el sonido de los disparos lo trae el viento en su regazo una vez tras otra como un niño que se mece en una cuna. Las alambradas de metal se extienden rodeando algunos parques donde aún los juguetes reposan olvidados, y en las zonas oscuras se ocultan francotiradores. La gente hace cola junto a un edificio de mensajería y aguardan respetando los turnos para recibir una ración compuesta por un mendrugo de pan y un pequeño tarro de confitura de frutas. Son las 7.08 de la mañana y a pesar de ser verano, el sol apenas se levanta y deja caer sobre la hierba lasos rayos de sol que alumbraban un paisaje iridiscente atónito sin alas, rodeado de maleza, de tonos ocres y miseria. Nosotros avanzamos desde la ciudad de Gori, en el oeste hacia la capital, Tiblisi. Pese a este once de agosto, ejerce el frío.
A lo lejos se alza el polvo de los caminos sin asfaltar cuando algún vehículo, casi siempre militar, lame con sus ruedas el sucio sendero, y confluyen carreteras cortadas en pequeñas avenidas dónde se han ido instalando controles de reconocimiento. Todas las autopistas que unen el condado con Tiblisi siguen cercadas de soldados rusos. En los pueblos hay rumores de chicas que han sido violadas, de hombres desaparecidos, de fusilamientos, de fosas comunes: se saldan viejas cuentas pendientes. El conflicto, que empezó hace unos días cuando las regiones de Osetia del Sur y Abjasia proclamaron su independencia, amenaza por extenderse arduamente alrededor de toda la frontera, mientras los convoy se apilan y se reordenan misteriosamente en un despliegue sin precedentes desde el final de la guerra fría. Ahora el presidente Saakashvili cuenta con la OTAN. Moscú manifiesta el derecho de libre autodeterminación de los pueblos como antes hicieron con Kosovo, pese a su desaprobación. El ambiente se enrarece y la tensión aumenta. La zona es un hervidero de intereses geopolíticos, estratégicos, y económicos: el mar negro, unos J.J.O.O. de invierno próximos en Sochi, reservas de gas y de petróleo a lo largo del segundo canal energético más grande del mundo y que,casualmente, suministra a Europa. Lindes con las antiguas fronteras soviéticas, el lugar donde hoy empieza a inmiscuirse occidente, y todo está presente, el escudo antimisíles de E.E.U.U., la archideclarada posición pro-occidental de Ucrania y Georgia, el miedo a una nueva guerra fría, conflictos de intereses. Por ello, el plan de paz que se firmará de manera inminente a través del nuevo presidente de turno de la Unión Europea, Monsieur Sarkozy, no será definitivo, ni significativo, sino un preámbulo que antecede a un hecho: ni la vieja Europa descansa de la guerra.
Dos tanques nuevos se acercan remoloneando por los aledaños del poblado, circulando despacio, intimidando a sus habitantes. Los niños les lanzan piedras y zapatos ante la sonrisa incrédula de los soldados, mientras los más viejos del lugar intentan no enfadarlos y sonríen a su paso atemorizados. El mundo perdona el hedor y la ignominia del gigante asiático y le concede unos J.J.O.O. que enmascara lo que viene sucediendo estos días. Cambian los nombres, cambian las víctimas, incluso cambian los intereses, pero siguen siendo los mismos, y hacen que este mundo, nuestro mundo, no funcione. Yo solo soy un reportero que escribe entre sus notas:
A mi nombre acompaña la derrota
en los dedos que no crucé a tiempo,
aún queda el tacto de tu cuerpo
pero en esta ciudad
los puentes son de madera
Las botas cansadas de caminar por la maleza
me unen al destino,
hay un par de parejas
respirando entre sus besos,
y en la retina, todavía sostengo
la mirada de aquel chico
recorriendo el país con una guitarra,
cantando en viejos almacenes
dónde aún hoy sirven cerveza.
Los héroes
se han quedado en la cuneta
y tu no entiendes de promesas
La verdad,
hemos cambiado,
y prefieres olvidar
para no romper dos veces
lo que antes destruimos.
Amigo,
nadie mejor que alguien como tú,
para comprenderte.
en los dedos que no crucé a tiempo,
aún queda el tacto de tu cuerpo
pero en esta ciudad
los puentes son de madera
Las botas cansadas de caminar por la maleza
me unen al destino,
hay un par de parejas
respirando entre sus besos,
y en la retina, todavía sostengo
la mirada de aquel chico
recorriendo el país con una guitarra,
cantando en viejos almacenes
dónde aún hoy sirven cerveza.
Los héroes
se han quedado en la cuneta
y tu no entiendes de promesas
La verdad,
hemos cambiado,
y prefieres olvidar
para no romper dos veces
lo que antes destruimos.
Amigo,
nadie mejor que alguien como tú,
para comprenderte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario